Ramón Leonardo.
(Artista pueblo)
Miren lo que pasa aquí, esto es sencillo:
PRIMERO, El Piro. El tipo es rapero y comunicador de la línea dura. El que sabe de rap sabe que ahí no se anda con rodeos ni con "paños tibios". El lenguaje de él es crudo, de frente, picante y buscando roncha. Te puede gustar o no, pero ese es su sello, su forma de buscar el morbo y decir las cosas. Él no engaña a nadie.
SEGUNDO, Alfredo Pacheco. Vamos a estar claros y sin insultar a nadie: el hombre, siendo el Presidente de la Cámara de Diputados, muchas veces lo que proyecta es una imagen de charlatán. No tiene esa postura, ese peso y esa solemnidad que uno espera de un tipo que dirige un poder del Estado. El lenguaje y la actitud de él no cuadran con el cargo.
Por eso, ese choque no debió sorprender a nadie. Era una bomba de tiempo. De un lado, un rapero tirando pullas y, del otro, un político que no se da a respetar como la posición manda. ¿El resultado? Un reperpero de "tigre a tigre", donde los dos bajaron al lodo a pelear igualito.
EL VERDADERO TABLAZO: ¿Por qué la gente apoyó al Piro?
Ahí es donde la puerca tuerce el rabo. La gente no es tonta. Si una parte del pueblo se puso del lado del Piro, no es porque sean locos con él, es por política y por cansera.
El dominicano siente que el Congreso es un "sello gomígrafo" del Gobierno. Ahí lo que se hace es levantar la mano para aprobar préstamos a lo loco y resolver los amarres de los políticos, olvidándose de la gente. La credibilidad de ese Congreso está en el piso.
Entonces, cuando viene un tipo de la calle y le canta sus verdades en la cara a un político, la gente goza y se identifica, porque siente que por fin alguien los está vengando.
MORALEJA: El respeto y la autoridad no se imponen a la mala ni gritando. El respeto se gana trabajando con pantalones, siendo independiente y defendiendo al pueblo, no lamiéndole los zapatos al gobierno de turno. ¡Así de sencillo!


